martes, 13 de febrero de 2007

LAS REVISTAS SUBTES EN LOS '70

Fines de 1972. Un recital cualquiera. “Mirá, loco, nosotros hacemos una revista que ...”- “Cortala, no tengo un mango”. –“No, pero si es gratis...”, “Contá, contá entonces. Qué es eso que me mostrabas?”.

Así comenzó todo. A pleno pulmón, comenzaron a asomar por los conciertos y plazas de Buenos Aires. Amén de varios intentos que nunca pasaron de ello-no por eso menos loables y valederos-, primero Confluir y Solo Sol se abocaron a la dura tarea de preparar el terreno a los que vendrían después. La segunda, prolijamente impresa, sustentada por tres locos que –meses después- abandonarían la carrera. La primera estaba escrita a máquina, con siete u ocho carbónicos, y durante más de dos años continuaría ofreciéndose y ofreciendo sus páginas a quien –libremente-quisiera utilizarlas. Ambas unidas por un mismo fin: comunicación.

A imagen de las pioneras se sucedieron Sol, Raienai, Cuento, Declaraciones, Miscelánea, Extramuros, Isla, Fantasma, El Pozo, Descomprimiéndonos, Concordancia, Decateatro, Azul, Todos en el Hospicio, Amanecer-Despertar, El Perof y muchas otras que hoy son sólo parte obligada de los archivos de unos pocos delirantes que insistieron en coleccionarlas. La mayoría de ellas no pasaron de publicar un par de números, como Hijo del Sol, y al mismo tiempo el interior de la república pareció juntar fuerzas dispersas, dando a luz Sangre del Sur (Río Negro), Exea-Desomomificándonos (Córdoba), Caminando (Mar del Plata), Resonancias (Pergamino), Rock (Pehuajó), Siempre Nacer (Trenque Lauquen), Mensaje y Pleamar (Santa Fé) y varios boletines sueltos que dieron la pauta de que algo más grande que un berretín juvenil se estaba gestando. Tal vez el mayor aporte corresponda a Viento (Caleta Olivia, provincia de Santa Cruz), cuyos responsables –entre ellos el organizador del ciclo de recitales Surrock, Armos Moreno- contribuyen continuamente al desarrollo de este momvimiento alternativo enviando a todo el país- e incluso al exterior- excelentes muestas de labor poética y gráfica... Casi todos los editores (aún los más distantes), se conocen entre sí. El noventa por ciento de ellos son amigos. Confluir se imprimía (luego se modernizaron y optaron por el mimeógrafo, dejando de lado la obsoleta máquina de escribir) con las hojas que aportaba Extramuros y los sténciles de Resonancias. Resonancias funcionaba con los sténciles de Confluir. Viento ayudó a esta última y a Galaad (fusión de la gente de Confluir, Extramuros e Isla). Los poemas que publica Viento son enviados tanto de la capital como de Río Gallegos y Pergamino. Un solo nucleamiento con muchos nombres. Un solo camino con distintos pasos. Respeto. Ganas. Trabajo y dedicación. Y la obligada circulación “de mano en mano”que desgraciadamente por lo general va de la mano del supuesto futuro lector directamente al suelo.. Hoy , una nueva horda de editores made –in casa comienza sus tareas. Antimitomania, hija de aquella primera camada de pacientes mimeografiadores, continúa imprimiendo sus notas, aunada ahora a un grupo de trabajo que colabora organizando recitales y muestras de poesía. El efímero cuadernillo Escritos, iniciado hace dos meses, ha dejado de existir, y su responsable acaba de pasar a la banda Antimitomania para profundizar junto con ellos su intento. Y aunque el medio sigue tan hostil como hace cinco años, sobre todo económicamente, los pequeños productores de ganas e idealismos continúan con renovados bríos en la tarea.

(fragmento de la nota de Gloria Guerrero, en le Expreso Imaginario, 1977)

1 comentario:

Carlos Barbarito dijo...

Este es un comentario de un "involucrado" en el asunto por aquellos días. En primer lugar, es bueno que se sepa hoy lo que sucedió hace tres décadas (escribo esto y me da vértigo, algo que tuvo lugar y de lo que no se escribió demasiado y se sabe hoy en día poco. Luego, a la velocidad con que transcurrió la técnica, me sobrecoge el recuerdo de aquellas labores con esténciles y máquinas de escribir. Tanto "Resonancias" como las demás revistas las hacíamos en la oficina donde trabajaba mi padre, aprovechábamos la infraestructura. Era un lugar del gremio de los telegrafistas, donde mi padre era tesorero. Luego, nos modernizamos y recurrimos al esténcil electrónico, última palabra por aquel entonces. Eran labores muy esforzadas y complicadas, porque los errores de tipeado eran insalvables, o casi, y a veces el mimeógrafo no funcionaba o funcionaba defectuosamente. Da la impresión de que hablo de la prehistoria y sucedió todo hace treinta años -lapso que en el Medioevo era breve y ahora, ya entrados en el siglo XXI, es enorme-. La prensa subterránea fue un fenómeno de un momento muy especial, los 70. Coincidió con un tiempo prolífico, efervescente y muy complejo, irrepetible aunque pareciera que algunos no se percataron de ello y pretenden reeditarlo -lo que, como dijo Hegel, la repetición en la historia siempre es parodia-. Lo bueno es que este blog no pretende reediciones sino hacer memoria y reflexionar sobre lo que fuimos, porque sin aquello que fuimos no seríamos lo que ahora somos o creemos ser.